Hay que centrarse en lo que está en nuestra mano
Aterrizando en el territorio de lo práctico, la posibilidad del cambio depende principalmente de aquello que está en nuestra mano. Es ahí donde podemos centrarnos y concentrarnos. Finalmente, lo determinante para crear condiciones de cambio y mejora es aquello que depende de nuestras decisiones cotidianas. Éstas son las que nos llevan a hacer unas u otras opciones y a que la realidad pueda cambiar o se perpetúe.
La causa más elevada y noble de la humanidad (la solidaridad, la igualdad, el respeto, la dignidad humana…) se concentra en cada pequeño detalle, que se pone a nuestro alcance cada día. De lo contrario, esa causa es solo discurso hueco y vanidoso. Elegir actuar éticamente está en nuestras manos y crea condiciones para reobrar y humanizar nuestra realidad. Sin embargo, decirlo es más fácil que hacerlo. ¿Cómo aprendemos a hacer esas elecciones éticas?
En este punto, volvemos a conectar con la pedagogía del Experiendizaje. Es nuestra herramienta principal para aprender a mejorar y a cambiar con sentido ético. No garantiza resultados. Crea condiciones. Hace aprendizaje de la experiencia. Se basa en lo que ya está dado en cada persona: sus principales vivencias, precisamente, lo que está en su mano. El impulso de sus ocho experiencias de aprendizaje crea condiciones para promover lo mejor de las potencialidades humanas en sus modos de vida y en sus modelos de sociedad.
Lo que nos estamos preguntando es hasta que punto hacemos depender nuestra esperanza de mejorar y cambiar del mundo de instancias alejadas de nuestras decisiones. Nuestro poder de cambiar la realidad tal vez está más cerca de lo que imaginamos. El lema de dos o tres palabras que queremos presentar el próximo 15 de octubre tiene que ver mucho con esto.
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